Tiempo de la Creación

El Tiempo de la Creación es la celebración anual de oración y acción por nuestra casa común. La familia ecuménica de todo el mundo se une para rezar y proteger la creación de Dios.

Nuestra casa común, la Tierra, pertenece a Dios, y cada criatura amada pertenece a esta casa común. La palabra “ecología” describe las relaciones entre animales, plantas, organismos no sensibles y minerales, cada uno de los cuales juega un papel vital en el mantenimiento del equilibrio de esta amada comunidad. Las relaciones humanas también tienen una implicación ecológica. Las relaciones económicas, sociales y políticas afectan al equilibrio de la Creación. Nuestros hábitos de consumo de energía y de bienes afectan a la capacidad de la Tierra para curarse a sí misma y mantener la vida.

La Tierra y todo lo que contiene no es un hecho, sino un regalo, entregado en confianza. Recibimos la llamada no a dominar, sino a salvaguardar. Gracias a la razón, discernimos cuál es la mejor manera de salvaguardar las condiciones de vida. La fe nos genera confianza en que el Espíritu de Dios actúa renovando constantemente la faz de la Tierra. Dentro de este horizonte de esperanza, nuestro bautismo nos libera para volver a nuestra vocación humana de cultivar y de cuidar el jardín de Dios.

Con estas tiendas de campaña que hemos plantado en la entrada y al lado del altar queremos simbolizar esta “Casa de todos” y hacer una llamada a revisar personal y comunitariamente los sistemas políticos, sociales y económicos para dirigirlos hacia economías de vida justas y sostenibles, que respeten los límites ecológicos que garanticen la vida de nuestra casa común. 

Abraham y Sara abrieron su tienda para convertirla en casa para tres extraños que resultaron ser los ángeles de Dios. Al crear una casa para ellos, su acto de hospitalidad radical se convirtió en una fuente de bendición para toda la Tierra.

La tienda es un símbolo de la llamada ecuménica a practicar el cuidado de la Creación como un acto de hospitalidad radical, salvaguardando un lugar para todas las criaturas, humanas y no humanas, en nuestra casa común, la casa de Dios. También como signo de hospitalidad para todos los seres humanos que están excluidos. Se constituye, asimismo, en una señal de la llamada interreligiosa e interdisciplinaria para crear espacios seguros para el diálogo y el discernimiento.

La tienda representa un lugar de resguardo o de refugio. Nos vincula con las personas sin casa, refugiadas y todas aquellas que están en movimiento y desplazadas por los efectos del cambio climático. La tienda es también un símbolo de sencillez, la tienda y la mochila simbolizan lo esencial, la suficiencia, el vivir dentro de las mismas posibilidades y viajar con poco equipaje como un peregrino agradecido que sabe que, al pasar por esta vida, nuestra huella tiene que ser ligera sobre la Tierra.

En el evangelio de Juan 1 :14, leemos que «  la Palabra se hizo carne y estableció su tienda entre nosotros ». El símbolo de la tienda puede recordarnos como Jesús vino a vivir en medio de su pueblo como signo del amor de Dios. El amor es la raíz de nuestra fe, que nos impulsa a amar a nuestros semejantes, cultivando y cuidando nuestra casa común.

Equipo de Liturgia

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