Las dos américas

Cuando llegué a Estados Unidos, ya estaban en plena campaña presidencial y hay que destacar que no vi ni un solo cartel apoyando a Donald Trump en toda la ciudad de Seattle. Lo que sí que he visto son muchas banderas apoyando al colectivo LGTBIQ+ y numerosos carteles en contra del racismo, en contra de las guerras, a favor de la paz, el feminismo y la igualdad, entre otros. En cuanto a mi barrio, es muy diverso y, en consecuencia, también lo es mi escuela, que es considerada de alta complejidad debido al elevado número de niños y familias recién llegadas o en situación de vulnerabilidad (especialmente de la América latina o de Asia). Por ejemplo, desde que empezó el curso ya han llegado más de una decena de alumnos nuevos. Por suerte, en la escuela, los niños aprenden en dos idiomas: español o mandarín y, evidentemente, en inglés.

En este contexto, pues, era esperable la preocupación de los vecinos y vecinas después de las elecciones. Había maestros muy tristes, decepcionados, avergonzados o indignados, algunos incluso se me disculpaban por la imagen que estaba dando su país. Además, hubo niños que lloraban por la inseguridad de su futuro o de su familia. En definitiva, el resultado de las elecciones supuso un trauma generalizado.

La preocupación de los vecinos y vecinas iba en aumento a medida que se acercaba el nombramiento de Donald Trump. La semana anterior, la escuela convocó un encuentro medio clandestino con las familias indocumentadas que consistió en una charla de un abogado de inmigración, que dio consejos y expuso los protocolos y pautas que tenían que seguir en caso de toparse con un agente de inmigración. Además, algunas familias se pudieron reunir en privado con el abogado de manera gratuita para hablar de sus situaciones particulares. El miedo y la inseguridad se respiraban en el ambiente. Incluso, algunas firmaron un documento con el cual dan permiso a un adulto para hacerse responsable de su hijo/a en caso de que ellos sean deportados. Sin duda, un escenario muy duro pero para el cual, desgraciadamente, las familias tienen que estar preparadas. Fueron realmente emotivas las palabras de una maestra sudamericana recordando a las familias que no están solas, que forman parte de una comunidad que se preocupa de cada uno de sus miembros y con la cual se puede contar. Talmente como una comunidad parroquial.

El tercer lunes de enero, los americanos celebran el día de Martin Luther King, líder del movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos. Irónicamente, este año coincidió con el nombramiento de Donald Trump. Aquel mismo día, ya firmó una decena de órdenes ejecutivas en contra de la salud pública, la diversidad de género y, sobre todo, contra la inmigración. Así, pues, Donald Trump representa la América de los ricos, de los grandes empresarios, de los privilegiados, la América de las armas, de las fronteras, del conflicto, de la discriminación, de la desigualdad, de la ignorancia, del racismo, del machismo…

Los días posteriores a la investidura empezaron las deportaciones y algunas familias de la escuela dejaron de llevar los hijos a la escuela por miedo a cruzarse con algún agente de inmigración. En este escenario, aquella misma semana algunos maestros nos reunimos para acordar acciones para proteger a las familias. Algunas de las propuestas fueron cancelar todos los actos con familias fuera del horario escolar (a petición de las familias), dejar de utilizar uno de los espacios públicos como patio puesto que está muy expuesto, pedir voluntarios como apoyo en estos espacios o para acompañar grupos de niños a la escuela por la mañana, cambiar el sistema de recogida de los niños para aumentar la seguridad o crear un código de alarma para avisar que hay un agente de inmigración y hacer un simulacro.

En el caso de esta última propuesta, hay que aclarar que las escuelas americanas tienen diferentes tipos de alarma: en primer lugar, la alarma de evacuación (como en caso de incendio); en segundo lugar, la alarma de cobijo (como en caso de terremoto), y finalmente, la alarma de evacuación inversa (en caso de peligro en el exterior), que consiste al entrar en el edificio, bloquear todas las puertas exteriores y escoltar los niños en caso de que tengan que salir del aula. Como que los simulacros son muy frecuentes, no fue nada sospechoso repasar el protocolo de evacuación inversa.

La semana siguiente de la investidura, por un lado, Escuelas Públicas de Seattle (SPS) compartió con las escuelas un protocolo en caso de que se presente un agente de inmigración y todos los maestros lo llevamos imprimido y colgado en el cuello junto con nuestra identificación. Por otro lado, el gobernador del estado de Washington, creó un equipo de respuesta rápida en caso de separación de familias por deportación como ayuda y protección para las familias indocumentadas.

En definitiva, en contraposició a l’Amèrica de Donald Trump, jo he vist una Amèrica que s’organitza, que es cuida, que es preocupa pels germanes i germanes; és a dir, una Amèrica que és comunitat. Després de la investidura, tant mestres com famílies amb ciutadania s’oferien per ajudar amb el que calgués. Se’m van quedar gravades les paraules d’una mestra: «Compteu amb mi pel que calgui. Estic disposada a anar a la presó si fa falta». Aquesta és l’Amèrica de l’Evangeli, una Amèrica agermanada, dialogant, compromesa, generosa, entregada, orgullosament diversa…

Hasta pronto,

Miquel Vilaseca Baqueró

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