El pasado domingo 30 de noviembre, día de Sant Andreu, hicimos nuestra comida de hermandad donde se vivió un lazo de unión global.
Esta comida fue mucho más que un simple acto de alimentarse. Fue una catequesis de la diversidad. Al compartir platos que representan diferentes tradiciones, la comunidad reforzó su compromiso con la fraternidad global. Se rompieron barreras y se reforzaron los lazos de hermandad, demostrando que, en la mesa de Dios, todos los gustos y culturas tienen un lugar de honor.
Melvin Marcillo


















